El niño y la tecnología

En este mundo donde la tecnología es el más cotizado en el mercado y la vida misma, nos vemos más absortos por ella dejándonos en estado de letargo por horas y horas. Tanto así que las costumbres que se suscitaban en la familia, por ejemplo, un domingo en la tarde, se han visto afectadas o desplazadas por la presencia de lo tecnológico.

Tanto es así que los más pequeños de la casa han ido dejando a un lado los juegos y la imaginación para dar paso a un celular inteligente o a una tablet para tomar una pantalla como medio de diversión.

Los días en que los niños jugaban con muñecos, hacían casas de barro, hacían un partido de fútbol con sus amiguitos o simplemente hacían de la plastilina o pinta-dedos su lugar de juegos, han quedado en el olvido gracias a la (afortunada o desafortunada) presencia de los aparatos tecnológicos.

Y los padres no se quedan atrás. Hablamos por el Whatsapp horas y horas, escribimos textos inacabables dando y pidiendo explicaciones pero luego somos incapaces de establecer una conversación constructiva, enriquecedora y asertiva. Prestar nuestra atención en una sola cosa es una tarea muy difícil, estamos en diez sitios a la vez, y nuestros hijos también.

Es por ello que hoy tocaré un tema que hay que ponerle la debida atención para poder rescatar a nuestros niños para que regresen a su niñez.

Generación 2.0

Los niños son una de las generaciones más nativas digitales por el momento; desde que nacen ya los papás, las mamás, los tíos están filmándolos con el móvil, haciéndoles fotos, entre tantas cosas que nos ofrece la tecnología para inmortalizar momentos y desprendernos del mundo real.

Más adelante estos niños verán sus primeros dibujos desde el televisor, la tablet, el móvil, los cuales les daremos nosotros, etc….Pasarán horas con la tablet haciendo dibujos con programas diseñados con esta finalidad y poco a poco sus vidas y las nuestras se verán a través de un móvil y muchas veces no sabremos donde poner el límite.

Muchos padres creen que les están haciendo un bien al niño, pero la realidad es otra. No se dan cuenta que cada día que pasa van poniendo a sus hijos en un estado de letargo y que, además, les están coartando de usar su cerebro para actividades más pedagógicas de las cuales les sacarán mayor provecho.

Como siempre el límite está dónde cada uno crea que debe ponerlo, ya que sino llegará el día en que nuestra comunicación y nuestra relación se verá demasiado afectada y puede ser que en un sentido negativo.

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